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jueves, 8 de febrero de 2018

Circo de Gredos

El pasado fin de semana salimos para Gredos Pichi, Costas, David y yo. Desde Galicia hay un buen cacho así que salimos a media mañana del viernes para llegar a Hoyos del Espino alrededor de las 20h. Como era imposible salir a primera hora tuvimos que hacer noche en el pueblo en lugar de llegar al refu ese mismo día. Para mí era la primera vez en Gredos y tenía muchísimas ganas de verlo, todo el mundo me había hablado muy bien del circo.

Huevos con chorizo para cenar (finde perfecto)

Al día siguiente tocaba madrugar, la idea era llegar al refu para desayunar. Sobre las 5:30 salíamos de la plataforma de Gredos bajo una noche bastante despejada que permitía ver las estrellas, rápidamente fuimos avanzando por el camino muy bien marcado y pisado (muy distinto del que nos encontraríamos a la vuelta).

Llegando al refu con luna llena

Al llegar al refu inmediatamente nos dan las llaves para las taquillas y nos sirven el (re)desayuno, que al menos a mí me sentó genial. Sin perder mucho tiempo nos vamos para el Almanzor, la previsión se estaba cumpliendo puntualmente, era una fría pero bonita y despejada mañana rodeados de picos escarpados. Como decía era la primera vez que estaba en el circo de Gredos y aunque había leído sobre ello me sorprendió la cantidad de cascadas que había, por otro lado la mayoría de corredores estaban sin formar, faltaba bastante nieve comparado con las fotos que había visto en la guía de escalada.

El Almanzor esperaba

Terminado el desayuno nos volvemos a poner en marcha, Pichi y Costas ya habían estado en el Almanzor así que nos fueron guiando hasta arriba. Teníamos pensado meternos por la bifurcación de la derecha en el desvío que hay antes de llegar a Portilla del Crampón pero lo pelado que se encontraba y los resaltes que se veían nos hicieron decantarnos por seguir la ruta normal.

Última parte de la canal

En esta zona empieza a levantarse el viento racheado y frío que nos acompañaría el resto del día.


Portilla del Crampón con cencellada

Cara Sur - Cara norte

Empezando la zona de mixto

Rodeando el collado empezamos a hacer la travesía por la cara sur del Almanzor y nos metemos en la canal que te deja debajo de la cima. Al principio pensábamos que era la normal pero que faltaba mucha nieve y los resaltes estaban al aire, pero luego empezamos a dudar. El primero de ellos lo subí por la izquierda, desde arriba vi un cordino en la parte derecha (que luego utilizaríamos para rapelar) y ahí monté una reunión desde donde les tiré la cuerda a modo de pasamanos. Abajo estaban Pichi, Costas y David con una cordada catalana que nos había dado alcance en este punto.

Fueron subiendo uno a uno sin problemas quedando David para el final. Mientras esperaba por él, Pichi y Costas se adelantaron para subir a la cumbre, sin embargo se encontraron otro resalte que no vieron muy claro. Como yo venía caliente del resalte anterior me tocó probar suerte otra vez, pero ya que habíamos sacado la cuerda para montar el pasamanos esta vez iba a hacerlo asegurado. Me encontraba justo de bajo de la cima y el viento cada vez era más fuerte, además no encontrábamos un sitio cómodo para asegurarlos a todos y al final decidieron prescindir de la cumbre y bajar lo antes posible. Total Pichi y Costas ya habían hecho cima en otra ocasión, el único que se quedó sin ella fue David. Por suerte yo subí durante unos minutos para sacar un par de fotos antes de destrepar la última parte y rapelar con el resto del grupo.

Cumbre

En esta foto sale buena parte del camino de aproximación al refu

El primer rápel lo hicieron en este orden Pichi, David y Costas. Yo bajé de último y la verdad es que en esos minutos de espera me enfrié bastante, hacía mucho frío y el viento no ayudaba. Cuando llegué al rápel me esperaba David para recoger las cuerdas hasta Portilla del Crampón, donde Pichi y Costas se habían adelantado para montar el segundo rápel. De este modo rapelaríamos la última parte de la canal que era la que más pendiente tenía. Con dos cuerdas de 60 metros te comes buena parte de la canal.

Una vez abajo buscamos un sitio para resguardarnos del viento y esperar a Pichi y Costas pero es imposible, el viento sopla muy fuerte y recorre la superficie en todas las direcciones. Al final nos dejamos alcanzar por Pichi y Costas y buscamos una cascada donde pasar las últimas horas del día. En aquel momento yo me encontraba bastante cansado, el frío se me había metido en el cuerpo y no se iría más en todo el fin de semana. Además con aquel viento no tenía demasiada esperanza en que resistiésemos mucho tiempo asegurando y escalando.

El recorrido entre el refugio y la hoya está repleto de cascadas, mientras subíamos a primera hora las estudiábamos en la distancia con intención de atacarle a alguna a la vuelta. La que mejor pinta tenía se encontraba bastante arriba, traté de buscarla en la guía de Raúl Lora pero no supe identificarla. El caso es que cuando ya casi estábamos a pie de vía apareció otra cordada por la izquierda y nos la robó. Cómo son las cosas, media hora observando la solitaria cascada a lo lejos y resulta que al final nos quedamos sin subir por llegar un minuto tarde.

Seguimos bajando y las que nos encontrábamos o bien estaban ocupadas o no nos convencían porque el hielo parecía mal formado. Al final propongo subir unas que estaban enfrente del refugio que habíamos visto nada más salir de allí por la mañana. Como había que pasar por el refu para cruzar el río mi idea era quedarme allí a descansar pero al final el sentimiento de culpa pudo conmigo y seguí la marcha para aprovechar al máximo la oportunidad.

Una vez a pie de cascada Pichi y Costas se ofrecen voluntarios para montar la reu por arriba mientras David y yo esperamos, la verdad es que no me apetecía nada subir, tenía mucho frío y el viento no había parado de soplar durante toda la tarde. Una vez terminan de equiparla Pichi se prepara para subir y creo que yo lo aseguro de primero. Era la primera vez que subía por hielo y aunque yo intento darle unas indicaciones se cansa enseguida. No es que yo tenga mucha más experiencia, pero había probado en otra ocasión en Peñalara en la cascada que se forma debajo del Zabala. En esto al igual que en deportiva, cuenta mucho más la habilidad que la fuerza.

Me toca subir y la verdad es que lo disfruto muchísimo, todo el cansancio y la pesadumbre desaparecen y me vengo arriba. La subo sin problemas excepto en una parte donde hay una pequeña barriga que te obliga a hacer una travesía a la derecha para pasarla pero es más falta de práctica que otra cosa. Los piolos y crampones clavan bien y dan mucha seguridad.

Carámbanos moldeados al viento

Al tema

Al final creo que yo subo dos veces sin parar ni caer en ninguno de los pegues, eso sí, en el segundo se me van los pies y quedo colgado de los piolos.

Muy guapo.

De vuelta en el refu Pichi y yo ya empezamos a planificar la mañana del día siguiente: queremos subir la cascada que nos robaron al bajar del Almanzor. Cenamos con un grupo que iba acompañado por un guía madrileño muy majo que nos aconseja actividades para el día siguiente, por ejemplo subir el morezón por cualquiera de las canales que se ven desde el refu o hacer los corredores que hay allí enfrente. Pero entre la nieve que estaba cayendo esa noche y lo pelado que estaba el circo de nieve la idea de la cascada acaba imponiéndose con facilidad.

Por desgracia, la mañana siguiente comprobamos que esa noche había caído mucha más nieve de la anunciada por el parte. Salimos igual hacia arriba en busca de la cascada pero resultaba que éramos la primera cordada que salía del refu y la nevada nocturna había tapado la huella del día anterior, con lo cual nos hundíamos continuamente. En un momento de lucidez Pichi empieza a hacer cuentas y decidimos irnos para el coche puesto que el poco tiempo que teníamos para hacer la actividad se lo iba a llevar la pesada aproximación. Y eso sin saber realmente cómo estaba el camino de regreso, que como comprobamos más tarde, tampoco tenía huella y nos retrasó alrededor de una hora más de lo previsto.

Condiciones totalmente distintas a las del sábado

Llegados al coche nos encontramos el párking completamente nevado, el quitanieves no había pasado por ninguno de los tramos de carretera que llevan a la plataforma. Por suerte la nacional de Hoyos del Espino estaba limpia, desde ese momento pudimos respirar con tranquilidad.

La vuelta en coche fue bastante amena, pensábamos encontrar nieve en alguna zona pero la verdad es que todas las carreteras por las que teníamos que circular se encontraban abiertas y en perfectas condiciones.

Como siempre nos vamos muy contentos y con ganas de volver pronto, sobran planes y faltan días!

miércoles, 15 de febrero de 2017

Cabaña Verónica

Había muchas ganas de nieve, después de varias semanas con findes comprometidos por fin había uno libre y con una previsión medianamente aceptable. Daban bueno el sábado y regular el domingo así que con las ganas que había nos fuimos para Espinama el viernes por la tarde Pablo, Ramón, Pocho y yo. 

Como vamos a coger el cable no necesitamos madrugar demasiado. Inicialmente Ramón y yo planteamos hacer el corredor del San Carlos pero llegados a Espinama nos informan de que no está formado, así que ya no nos molestamos en cargar con las cuerdas y los cacharros.

Una vez arriba comprobamos que el tiempo es bastante bueno, aunque hace bastante frío, salgo con el plumas puesto y los guantes gordos. Al llegar a la pista comprobamos que la nieve no ha transformado lo suficiente y nosotros no hemos subido raquetas... así que hundiéndonos a cada paso hasta la zona de la tibia convierte la travesía en algo bastante pesado por momentos. En las zonas más difíciles hacemos relevos para repartir el trabajo aunque al final somos Ramón y yo los que pasamos delante la mayor parte del camino. Ramón porque está muy motivado y yo porque me lo tomo como un entreno de fuerza. Nosotros sin raquetas y aún íbamos con intenciones de hacer un corredor, menudo error cometimos. Es difícil evaluar la situación desde 500km de distancia.

Pablo resistiéndose a abandonar el Tesorero y Ramón abriendo una vía de M5

Como queríamos coger el teleférico de vuelta y la idea de perderlo no nos seducía demasiado acordamos, por mayoría, quedarnos en Cabaña Verónica en lugar de continuar hasta el Tesorero, que era la cumbre que habíamos planeado subir. Las vistas desde allí eran espectaculares, aunque no había mucha nieve para la época, los picos estaban preciosos, había salido el sol y el cielo estuvo despejado durante varias horas. Disfrutamos allí sentados en el banco de fuera comiendo algo y siguiendo el avance del resto de cordadas. Había dos terminando el corredor del San Carlos, la verdad viendo el estado de la nieve no me daban envidia, cuando lo hagamos espero que esté en buenas condiciones.


Horcados rojos desde Verónica


Pocho llegando a Verónica


El San Carlos con poca nieve en la cara norte

Llegamos a las 4 de la tarde a la cafetería del cable, la vuelta fue mucho más rápida que la ida porque ya casi no nos hundíamos en la nieve, los 20 raqueteros que venían detrás a la ida nos dejaron el camino estupendamente, una pena que no hubiesen madrugado más. En la cafetería nos informan de que ya no sirven comidas, nos quedamos alucinados ya que el cable cierra a las 6, desde luego ningún montañero va a comer a una hora normal y perder esas horas de actividad, está completamente orientado a "turistas", una pena la verdad.


Al bajar se había cerrado de niebla

El domingo con mucha pena decidimos no subir arriba ya que la predicción era muy mala y desde Fuente Dé no se llegaba a ver ni la estación superior del cable.


La tarta de arroz con leche del Remoña



lunes, 29 de agosto de 2016

Arista de Cósmicos

La semana de vacaciones en Chamonix llegaba a su fin, pero eso sí, nos despediríamos a lo grande. Habíamos dejado para el final la actividad más exigente técnicamente, la arista de Cósmicos, esa vía de la que habíamos repasado tantos blogs y visto tantos vídeos en Youtube, con su famoso pasito de IV+/V (según la reseña) que había que hacer con crampones y que suscitaba tantas dudas en mi interior.


Arista de Cósmicos (summitpost.org)

La idea era coger el primer teleférico de la mañana que nos catapultaría a la Aiguille du Midi por un módico precio de 60€ ida y vuelta, desde luego no es como para montarse todos los días. Llegamos muy temprano a la estación pero para nuestra sorpresa ya estaba allí medio Chamonix y ni siquiera había salido el primer viaje, tremendo. Incluso había dos turistas canarios que nos preguntaron un par de cosas, ¿pero esa gente para qué madruga tanto? Eran las 6:30 de la mañana.

El "vuelo" se me hizo bastante largo, hay que parar a mitad de camino en la estación del Plan de l'Aiguille y esperar un poco para coger la siguiente cabina, supongo que los turistas lo agradecen pero yo estaba deseando llegar arriba y bajar por fin por la afilada arista.


En Plan de l'Aiguille

Una vez arriba nos dirigimos rápidamente al túnel que da acceso al exterior donde terminamos de prepararnos. Allí había mucha otra gente con el mismo propósito que nosotros, nos ponemos a la cola y empezamos a bajar. Aquello fue espectacular, sin embargo mientras preparaba esta entrada y repasaba las fotos reconozco que no lo recordaba tan expuesto, siempre me parecen mucho peores las cosas en foto y vídeo que en persona. Recuerdo un lobo solitario que sin encordar ni nada me adelanta en uno de los tramos más peligrosos saliéndose de la huella por la izquierda, alucinante lo que se ve por allí.


Arista NO

Terminada la arista no queda más que atravesar la planicie nevada para llegar al inicio de la vía. Se ve alguna gente escalando ya por el granito que forma la Aiguille aunque no conozco las vías.


¿Dónde está Wally?


Camino de la vía

Llegamos al inicio de la vía marcado por el Abri Simond y la plataforma del antiguo teleférico. Pichi y David tiran para arriba y nosotros vamos detrás. Empieza con una pala de nieve y poco a poco van aflorando las piedras hasta que llegamos a los primeros bloques y pasos mixtos.


Instalación del antiguo teleférico


Pichi y David empezando a subir


Ruta de los cuatromiles


Ramón feliz como una perdiz

La arista es sencillamente espectacular, para mí la mejor actividad que hicimos en alpes, muy divertida y con dificultad mantenida, pero a la vez dando opciones para asegurar siempre que lo vieses necesario.

El primero de los rápeles se puede destrepar aunque nosotros lo rapelamos. El último rápel también es evitable haciendo una travesía por abajo para rodear el bloque, pero nosotros fuimos por arriba y también lo hicimos.


Primer rápel

Las vistas hacia el valle tenían esta pinta


Preparándome para el segundo rápel, bastante expuesto el acceso a la reunión

Segundo rápel

Pichi preparándose para el último rápel

Le saqué muchas fotos a un bloque que tenía una forma muy característica, como un prisma enorme donde luego me enteré que estaba equipada una vía llamada Digital Crack, uno de los objetivos de Edu Marín para este 2016, habría sido increible coincidir allí con él.


Segundo gendarme donde está Digital Crack




Aquí hacemos un descanso para reponer fuerzas y comer algo porque lo siguiente que nos espera es el famoso paso de la placa vertical. Como de costumbre pasaron Pichi y David primero y luego nos tocaba a nosotros.

Al final resultó mucho más fácil de lo esperado, había más nieve acumulada a pie de la placa que en las fotos que yo había visto, de esta forma el paso se reducía (calculo) sobre medio metro bajando mucho el grado. Después había que hacer una travesía bastante precaria y rodear un bloque subiendo por un diedro y haciendo un par de trepaditas.


Foto del paso y bloque que había que rodear por la derecha metiéndose por detrás


Pichi por la repisa posterior al paso


Yo en pleno paso (posando) pensando el siguiente movimiento

Lo último que nos quedaba para terminar la vía era una goulotte súper estrecha donde no te podías ni mover porque te quedabas encajado con la mochila y que tenía hielo en algunos tramos. Sencillamente espectacular, me encantó la última parte desde el paso de la placa, hay que volver.


Yo posando al final de la vía


Llegando a la escalera


Unos pros haciendo cosas guays

Una vez arriba ya solo queda caminar por la nieve unos metros hasta llegar a la escalerilla metálica... que se mueve la hostia! Había que mantener el rostro sereno para los turistas que miraban curiosos desde arriba pero joder cómo se mueve, esa escalera es lo más complicado de la vía jajaja

Antes de bajarnos hacemos cola cual turista japonés para subirnos al mirador de metacrilato que tienen allí. Es una pena porque salen todas las fotos muy oscuras pero el sitio está tremendo. La pena es que con toda la gente que hay haciendo cola al final subes (o mejor dicho bajas) a hacerte la foto y ya casi te están echando sin poder mirar con tranquilidad hacia fuera.


Pas dans le Vide

El día siguiente antes de irnos para Ginebra al aeropuerto aprovechamos que había una feria de segunda mano en nuestra plaza para curiosear un poco, había cosas muy chulas.


Esquís antiguos


Las raquetas a precio de TSL Symbioz

viernes, 12 de agosto de 2016

Mont Blanc

A la vuelta de la Mer de Glace empezamos a planificar la ascensión al Mont Blanc. Había estado llamando toda esa semana a los refugios de Gouter y Tete para ver si obteníamos plaza a última hora, pero desde que llegamos fue imposible reservar. No llevábamos la reserva hecha desde aquí porque una semana antes el buen tiempo no estaba asegurado. Sin embargo, estábamos disfrutando de unas condiciones espléndidas y no queríamos arriesgarnos a esperar más días para subir por si el tiempo cambiaba, así que ante la imposibilidad de obtener plaza en uno de los refus de la ruta de Gouter Pichi propuso tomar medidas "drásticas". Subiríamos y bajaríamos sin hacer noche en ningún refugio, desde luego no era la forma más cómoda de subir pero era una opción válida y además tampoco teníamos elección si queríamos realizar ese itinerario.

Así lucía esa mañana el Mont Blanc desde Chamonix

La idea sería subir en uno de los últimos trenes cremallera que te dejan en Nid d'Aigle y hacer un poco de tiempo para no llegar a la cumbre demasiado temprano. El mapa marcaba una cabaña antes de empezar a subir al refugio de Tete, la Baraque des Rognes. Buscamos información por internet pero como no nos quedaba demasiado claro nos acercamos hasta la Maison de la Montagne para explicarles nuestro plan e informarnos sobre si estaría abierta y allí nos dijeron que estaría cerrada. La verdad es que no nos lo creimos pero claro, si era verdad corríamos el riesgo de llegar allí y que no pudiésemos entrar, con las consecuencias que ello suponía. Con este panorama trazamos un plan B: llevaríamos una tienda ligera para esperar dentro unas horas e intentar dormir en caso de que la cabaña estuviese cerrada. Como no habíamos previsto esta situación no habíamos llevado ninguna tienda, por lo que tuvimos que comprar una en Chamonix. Por suerte no nos tuvimos que gastar demasiado, como daban muy buen tiempo compramos lo más barato y ligero que encontramos.

Foto de la salida

Comemos muy temprano unos espaguetis deliciosos que prepara Pichi y salimos los tres pitando para la parada de bus que teníamos al lado de casa, estamos a 6 de julio de 2016. Cogeríamos el bus hasta Les Houches y allí el teleférico que te deja en una estación intermedia del tren que sube a Nid d'Aigle. En el teleférico estábamos solos, pero en la estación del tren ya se veía ambiente montañero. La mitad de los que estaban allí iban para arriba, se diferenciaban muy bien de los turistas ya que muchos iban con mochilas de más de 100 litros de capacidad y piolets de 1 metro de largo, os prometo que no estoy exagerando ni un poquito.

Subiendo en el Tramway du Mont Blanc

Una vez en Nid d'Aigle (2.372 m) empezamos a tirar para arriba por el camino, hace tanto calor que en este punto ya nos habíamos bebido una de las botellas de 1.5 litros que llevábamos. Por el camino nos encontramos una pareja de padre e hijo que habían hecho cumbre esa mañana, iban muy contentos y nos dieron bastantes detalles de la subida. Me sorprendió que no habían hecho ningún cuatromil antes para aclimatar, qué animales.

Los animales se acercan curiosos

Por el camino te encuentras manadas de íbices y otro tipo de fauna... como gente que da un paso y para dos minutos a descansar, no me los quiero imaginar cuando estén a la altura de Vallot la velocidad que llevarán.

Pichi y David

El camino sigue ascendiendo y de repente divisamos la Baraque des Rognes (2.768 m), nos desviamos del camino hacia la izquierda atravesando una pala de nieve y comprobamos que está abierta! Está en perfectas condiciones e incluso han habilitado un baño en el exterior, menudo lujazo. Hemos cargado con la tienda y las esterillas en balde pero nos hemos reído un rato buscando la tienda por Chamonix.

Baraque des Rognes

No recuerdo exactamente a qué hora habremos llegado aquí pero sería alrededor de las 16:00h. Tendremos que hacer tiempo hasta las 22:00 que hemos marcado como hora de salida, así que extendemos las esterillas en el suelo y unimos los dos sacos por la cremallera. Nos metemos los tres en dos sacos y menos mal, porque menuda rasca que hacía. Intentamos dormir un rato pero es imposible, aunque estaba bastante cansado la adrenalina no te lo permite así que al poco empezamos a hablar y a hacer el tonto.

Subida a Tete

Antes de lo pensado llegan las 21:00 y nos empezamos a preparar, al final tenemos tantas ganas por salir que a las 21:30 pasadas abandonamos la cabaña y emprendemos la marcha con casi media hora de adelanto. Todavía es de día pero ya empieza a ponerse el sol en el horizonte y nosotros disfrutamos del momento paso a paso.

Contemplando el mar de nubes con la Aiguille du Midi al fondo

Cuando llegamos a Tête Rousse (3.167 m) ya era noche cerrada, serían las 23 horas más o menos. Aquello estaba lleno de tiendas, ni el campamento base del Everest. Había alguna gente de pie alrededor supongo que porque no podían dormir, pero nadie en la ruta subiendo hacia Gouter. Nosotros pasamos de largo y empezamos a subir hacia el espolón, pasamos por la bolera sin ningún contratiempo y empezamos a trepar. Es una trepada muy chula esta de Gouter, la disfrutaríamos mucho más ahora que bajando de cumbre el día siguiente. Pichi iba delante marcando el camino con un ritmo infernal. Cuando ya empezaba a cansarme de tanta trepada de repente se ve Goûter (3.817 m) allá a la derecha, pero todas las luces estaban apagadas. Me parecía una estampa surrealista, ¿se habían quedado dormidos? Era la 1:15 más o menos. Nos acercamos hasta la puerta del refugio y comprobamos que está abierta, dentro hay luz pero no hay nadie, solo el material de los montañeros. Tanto material como para montar dos tiendas de montaña en Chamonix, qué pasada. Esperamos un rato a ver si aparece alguien pero nada. Estábamos sin agua y teníamos que comprar por lo que esta había sido una parada obligatoria, sin embargo esperábamos encontrar a la gente ya despierta. Abro la puerta que conduce al interior y me topo con unas escaleras, allí había gente durmiendo por los descansillos. Llego hasta la puerta de la cafetería y leo en un cartel que hasta las 2:00 no abre, qué faena, vamos a tener que esperar. Un cuarto de hora antes la gente ya empieza a bajar para preparar el material e ir a desayunar, yo hago cola como el resto del mundo y en cuanto veo a alguien del refu le pido 3 botellas de agua de 1.5l, le explico que yo no estaba alojado allí y me cobra 18€. Nos bebemos prácticamente una allí y el te que nos quedaba y rellenamos las cantimploras. Cuando salimos ya había un par de cordadas listas para salir fuera, debimos ser la 3ª cordada en tirar para cumbre.

Ruta de Gouter en rojo

Empieza la recta final de la ascensión. Vamos subiendo por la pala del dome de Gouter en plena oscuridad. Si mirabas hacia atrás veías una línea infinita de frontales, y eras capaz de diferenciar las cordadas por la separación de las lucecitas, desde luego era un espectáculo, intenté sacar fotos pero no quedaron bien por la oscuridad. Es una pena pero de la mayor parte de la subida no hay fotos porque la hicimos de noche. Creo que nos adelantan un par de cordadas en la que los guías van tirando literalmente de los clientes. Estas cordadas llevan la cuerda mucho más corta que la nuestra y completamente estirada, por las posiciones de los cuerpos y los tirones de la cuerda se aprecia perfectamente que los guías tiran de los clientes, menudas bestias para poder hacer eso, yo ya empezaba a notar el cansancio pero por suerte no tenía que tirar de nadie, David que venía detrás iba fresco como una lechuga. En un momento determinado paramos para hacer un descanso y sin darnos cuenta nos alcanza una cordada, el guía nos empieza a gritar enfurecido porque nos habíamos parado en mitad de la huella. Los tres nos quedamos estupefactos y no pudimos reaccionar en ese momento. No había ninguna razón para recibir ese rapapolvo, podían adelantarnos cómodamente por arriba o por abajo, no era una arista ni un sitio expuesto, simplemente parecía que el guía necesitaba pagarlo con alguien. Más tarde los clientes de ese guía serían los que nos sacasen las fotos en cumbre, ellos sí eran majos.

Vista de la ruta (izquierda) con otra perspectiva


Al llegar al refugio Vallot (4.362 m) hacemos otro descanso, aquí aprovechamos para comer un poco al abrigo de un ventisquero e intercambiamos los extremos de la cordada, yo sigo en el medio pero David toma ahora la iniciativa. Acelera un poco el paso que llevaba pichi e incluso hace un poco de guía en lo que a tirones se refiere :) A estas alturas yo estaba deseando llegar a la cumbre, empezábamos la parte más comprometida por la arista de les bosses y no podíamos cometer ningún error. Aunque la verdad es que no tiene ninguna complicación, simplemente hay que llevar la cabeza fría e ir muy concentrado en no dar ningún traspié. Sin embargo la sensación de cansancio acumulado iba en aumento y además, me daba cuenta de que lo estaba exteriorizando, al pisar mal de vez en cuando, rozar con las puntas delanteras del crampón en la nieve en algún momento, no decía nada pero en mi cabeza empezaba a preocuparme y le iba dando vueltas a todo eso. Y por fin, tras una de las interminables jorobas que vamos superando me doy cuenta de que el camino termina y que la gente está parada en una especie de plano alargado. Esto tiene que ser la cumbre (4.808 m). Nos abrazamos y felicitamos y empezamos el ritual de las cimas. Poner ropa de abrigo, beber, comer, fotos aquí, fotos de grupo, fotos con las cervezas... Deben ser alrededor de las 6 de la mañana, ya ha amanecido completamente y todo en el horizonte se ve mucho más bajo, es la primera vez que tengo esa sensación estando tan alto.

En la cima del Mont Blanc

No recuerdo cuántas cordadas harían cima antes que nosotros, pero creo que se contaban con los dedos de una mano. Emprendemos el descenso y nos vamos cruzando con todo el mogollón, sin embargo luego comentando esto todos coincidimos en que nos pareció que había mucha más gente en el refugio a primera hora de la que luego nos cruzaríamos.

Brindando en la cima

Seguimos bajando y por suerte una vez pasado el abrigo de Vallot podemos ir fuera de huella descendiendo de forma más cómoda. El descenso se hace muy pesado. En Gouter compramos una lata de cocacola para pichi que tenía antojo y nos cobran por ello creo recordar que 8€. Al lado de la cocacola las botellas de agua parecen regaladas.

La bandera del foro también iba en la mochila

Llega la zona más peligrosa bajo mi punto de vista, destrepar el espolón de Gouter con todas las horas que llevamos encima dándole caña al cuerpo, porque además hemos ido bajando los tiempos que marcaba la guía. Vamos ayudándonos de los cables que hay equipados y no podemos bajar muy rápido porque hay mucha gente, incluso algún guía con dos clientes en corto que van retrasando a todo el personal. Pero a nosotros casi nos hacen un favor porque así nos damos un respiro. Y de esta forma, poco a poco vamos bajando metros, siempre pienso que prefiero subir que bajar, las bajadas me deshacen, pasada la zona del espolón de Gouter nos encontramos con la bolera que estaba mandando cañonazos a tope. No dejaron de caer piedras desde que llegamos a ella hasta que la dejamos, daba bastante miedito la verdad. El cable que hay instalado en los dos extremos del corredor es inútil porque queda muy alto. La mejor opción es cruzar la bolera encordados aunque nosotros en este momento ya íbamos a nuestro aire y decidimos pasarla de uno en uno. La enfrentamos un poco por encima de la huella oficial porque justo por el centro del corredor la nieve se ha fundido y hay una especie de río, y pasándola por encima este torrente se estrecha y somos capaces de saltarlo, evitando mojarnos los pies. Pasamos el refugio de Tete y desde aquí la nieve va a menos, cada vez tengo más ganas de llegar al tren, el sol aprieta y el caloret faller nos obliga a beber el poco agua que nos queda, pero ya estamos llegando a la estación, está detrás de esa curva a la derecha.

Primer plato

Del tren y el remonte de vuelta no tengo muchos recuerdos, una vez en Les Houches buscamos un sitio para comer (lo cual no fue fácil por la hora) y al final acabamos tomando un menu du jour en la terraza de un local que estaba bajo el telepherique. Aquello estaba exquisito, la comida me sabe especial después de una buena jornada en el monte.

Segundo plato

Tras terminar nos vamos a por el bus y llegamos a Chamonix donde Ramón nos recibe con mucha alegría y energía, pero yo la verdad es que estaba derrotado. Mientras Pichi y David le empiezan a contar los detalles de la ascensión yo me tumbo en la cama y no puedo evitar quedar profundamente dormido.